Desde hace algún tiempo me fui
familiarizando cada vez más con los libros álbum. Cuando leo un libro álbum siento
que aprecio un cuadro que narra una historia. En ellos hay una unidad indisoluble
entre las ilustraciones y el texto escrito. Una fraternidad. Sin embargo,
algunos prescinden del texto escrito y sólo narran con imágenes. Porque la protagonista
indiscutida es la imagen.
¿Por qué gustan tanto? Tal vez un
argumento posible está en lo que dice Anthony Browne acerca de la naturaleza
visual de los niños. Les dejo un video donde dice eso y muchas más cosas re
interesantes.
El mundillo editorial dice que el
primer libro álbum fue “Donde viven los monstruos” de Maurice Sendak (ya lo hemos comentado en un posteo anterior). Sin embargo, el juego entre imágenes y
textos nació mucho antes y aún mantiene vigencia también en el formato
historieta.
Por ejemplo, es emocionante jugar
con los Limerick ilustrados de Edward Lear. A veces las traducciones son un
poco traicioneras, pero vale la pena animarse o arriesgarse con la lengua
inglesa.
En esa misma entrevista Anthony
Browne menciona dos cuestiones que creo que deberían ser metas para cualquier
docente o mediador literario:
-
Aprender a mirar.
El libro álbum tiene muchos
detalles. A veces, sutilezas. Y esas pequeñeces engrandecen al libro. Podemos armar
propuestas para desarrollar esa mirada atenta. Sin olvidar que miraremos para
intensificar el disfrute de un producto cultural.
-
Concebir la experiencia de leer como una
conversación.
Dialogamos mucho sobre lo que
leemos. ¿Diálogamos sobre lo que leemos? ¿Con quién lo hablamos? ¿Qué
preguntamos cuando tenemos a nuestro cargo un grupo de lectores? No estoy
pensando en las preguntas del cuestionario de comprensión lectora tan
requeridas en la educación formal. A la oralidad y a la lectura propiamente
dicha aún las miran de reojo en la escuela. ¿Qué pasaría si rompemos esa
tradición hegemónica del texto – cuestionario con un libro álbum - con o sin
texto escrito - y sólo lo conversamos?
Dejé más preguntas que
respuestas. Es honesto, porque no tengo certeza sobre las respuestas y porque
es una forma de habilitar el diálogo.






