14 de junio de 2020

MIRAR Y CONVERSAR


Desde hace algún tiempo me fui familiarizando cada vez más con los libros álbum. Cuando leo un libro álbum siento que aprecio un cuadro que narra una historia. En ellos hay una unidad indisoluble entre las ilustraciones y el texto escrito. Una fraternidad. Sin embargo, algunos prescinden del texto escrito y sólo narran con imágenes. Porque la protagonista indiscutida es la imagen.



¿Por qué gustan tanto? Tal vez un argumento posible está en lo que dice Anthony Browne acerca de la naturaleza visual de los niños. Les dejo un video donde dice eso y muchas más cosas re interesantes.



El mundillo editorial dice que el primer libro álbum fue “Donde viven los monstruos” de Maurice Sendak  (ya lo hemos comentado en un posteo anterior). Sin embargo, el juego entre imágenes y textos nació mucho antes y aún mantiene vigencia también en el formato historieta.
Por ejemplo, es emocionante jugar con los Limerick ilustrados de Edward Lear. A veces las traducciones son un poco traicioneras, pero vale la pena animarse o arriesgarse con la lengua inglesa.



En esa misma entrevista Anthony Browne menciona dos cuestiones que creo que deberían ser metas para cualquier docente o mediador literario:
-          Aprender a mirar.
El libro álbum tiene muchos detalles. A veces, sutilezas. Y esas pequeñeces engrandecen al libro. Podemos armar propuestas para desarrollar esa mirada atenta. Sin olvidar que miraremos para intensificar el disfrute de un producto cultural.
-          Concebir la experiencia de leer como una conversación.
Dialogamos mucho sobre lo que leemos. ¿Diálogamos sobre lo que leemos? ¿Con quién lo hablamos? ¿Qué preguntamos cuando tenemos a nuestro cargo un grupo de lectores? No estoy pensando en las preguntas del cuestionario de comprensión lectora tan requeridas en la educación formal. A la oralidad y a la lectura propiamente dicha aún las miran de reojo en la escuela. ¿Qué pasaría si rompemos esa tradición hegemónica del texto – cuestionario con un libro álbum - con o sin texto escrito -  y sólo lo conversamos?



Dejé más preguntas que respuestas. Es honesto, porque no tengo certeza sobre las respuestas y porque es una forma de habilitar el diálogo.

3 de mayo de 2020

LIBROS PARA DEVORAR


Cuando era chica no tenía biblioteca en casa, esto se complicó mucho cuando comencé la facultad a los 18 años. No había espacio. Mis apuntes y mis libros iban y venían de la cama al living. En cambio, ahora la biblioteca está arriba, en un escritorio que - como digo siempre – si tuviésemos que vender la casa ese ambiente sería el “cuarto de servicio” porque se ingresa desde el lavadero. Pero para mí, es mi escritorio. Un lugar aislado que permite concentración.
Mi biblioteca - creo que a esta altura se entiende que llamo así a mi patrimonio de libros y algunos anillados – se reparte entre dos muebles, un estante empotrado en una pared y un par de estanterías pequeñas.  Apretados, algunos apilados y nunca ordenados como me gustaría. En uno de los muebles habita la Literatura Infantil. Sí, con mayúsculas. Propiedad compartida con mi hija, por supuesto.  Con clásicos y sus versiones,  libros de arte para chicos, de historia para chicos, muchos de animales, algunos de monstruos, otros de profesiones, unos cuantos de María Elena, varios (creo que toda la saga) de Mafalda, algunos de Federico, tres del gato de Berta, y unos viejos destartalados y amarillentos que fueron parte de mi infancia.
Hace un tiempo que parece lejano - estoy hablando de fines de febrero o inicios de marzo - mi hija pidió hacer una pequeña biblioteca en su dormitorio porque el escritorio queda alejado para buscar libros cuando quiere leer de noche. Hablamos de pintar dos o tres cajones de fibrofácil con colores fuertes y colgarlos en la pared como habíamos visto en unas fotos de diseño de dormitorios en Pinterest. Averigüé algunos precios, no habíamos decidido los colores y… llegó el aislamiento social.
En estos dos meses el dormitorio se pobló de libros con ponis, hadas, versiones de clásicos y el Ratón Pérez. Mi hija avanzó muchísimo en la fluidez de su lectura en voz alta y en comprensión lectora.  Sin embargo, los libros se caían entre la cómoda y la cama, quedaban entre las sábanas… no encontraban un lugar cómodo. Hasta que llegó una idea. De ella, por supuesto. ¡La heladera de Barbie se convirtió en biblioteca!



Allí los libros esperan ansiosos el momento de ser devorados como platos deliciosos por una inquieta lectora de casi siete años.

2 de abril de 2020

OTROS MONSTRUOS, LAS MISMAS EMOCIONES


Días de encierro, de aislamiento social. De gente más preocupada por la economía que por la salud pública.
Nuestros niños hacen lo que pueden. Lo que habilitamos los adultos, lo que nosotros podemos y lo que ellos intentan transgredir. Jugar te permite viajar, te permite ser otr@, alguien que no está encerrad@. Jugar es transgredir sin riesgo este encierro por pandemia.
Un encierro que también genera monotonía. La monotonía genera malestar y berrinches. Cada uno carga su monstruo. O varios. No importan sus colores. Puedo conquistar a mis monstruos, convertirme en su Rey y volver victorioso a mi hogar. Como un héroe. Abrazar a mamá y sentarme a cenar después de una travesura. Como Max, de Maurice Sendak, en “Donde viven los monstruos”.



Puedo andar errante por el mundo con monstruos en la cabeza que me generan distracciones, que asustan a otr@s y me condenan a la soledad. Hasta que alguien me regala una flor, o una canción, o un mundo azul. Como Rulo, de Brocha, en “Monstruos en el pelo”.



Son dos libros que me encantan y hablan de emociones, de humanidad, de infancia. Cada vez que leo a uno me acuerdo del otro. Son libros álbum. Sus autores además de escribirlos los han dibujado. Sus personajes son niños. Sin embargo, son de dos lugares y dos épocas muy diferentes. Max domina a sus monstruos y regresa pacificado al amor de su mamá. Rulo no es muy consciente de sus monstruos aunque encuentra gente y espacios que aceptan sus monstruos. Ambos tienen mensajes positivos, esperanzadores. Porque esos monstruos son desafíos para los vínculos y sus dueños lo logran. Sin embargo, son cuentos que no bajan línea. Nadie indaga si los monstruos de Max son rojos o si los de Rulo son azules. Los personajes logran vivir felices a pesar de sus monstruos. En la simpleza de estas historias aparece la profundidad de personajes que no son planos.





La literatura es arte. Con el arte nos emocionamos, nos identificamos, proyectamos. Es posible abordar los enojos y los dolores en terapia, aunque no es viable educar para evitar enojo o dolor.


* “Donde viven los monstruos” fue escrito por Maurice Sendak y editado por Kalandraka. “Monstruos en el pelo” fue escrito por Brocha (Pablo Médici) y editado por AZ.

25 de marzo de 2020

APUNTES SOBRE STAR WARS: OTRAS LITERATURAS Y CORRECCIÓN POLÍTICA


Un tema que se me presenta recurrentemente en el último tiempo es el abordaje pedagógico y lúdico de las múltiples caras que tiene la literatura. Más aún para quienes trabajamos con niñ@s y adolescentes, entiendo que dicha multiplicidad se ha convertido en una problematización ineludible. No hablo necesariamente del canon literario escolar sino de otras literaturas: los dibujos animados, el cine, los comics, los videojuegos y los relatos regionales (urbanos/suburbanos/rurales). Hablo de literatura en un sentido amplio y de cultura pop. Entre esas otras literaturas brilla como una reina galáctica Star Wars.  Con sus tres trilogías fascina por diferentes aspectos, según quien las mire. Estas diferentes ópticas inevitablemente provocan un debate permanente. Aunque con su universo expandido podríamos decir también: las tres trilogías cinematográficas, las series televisivas, los cómics, los libros y los juegos de Star Wars fascinan por diferentes aspectos, según quien las mire, los lea, los juegue. Una galaxia de arte y entretenimiento…



Sin embargo, todo comenzó con tres películas innovadoras que para algún@s son de ciencia ficción y para otr@s son una ópera espacial. La primera de ellas nació hace poco más de 42 años. Si bien las trilogías del séptimo arte dialogan con el universo expandido, no dejan de ser la madre  - o las madres – de esta historia espacial.
También especial. No voy a realizar una crítica cinematográfica, no es mi tema. Me interesa lo literario de las películas. Una literatura convertida en cultura pop. Porque siempre encontré en Star Wars una grandiosa historia atravesada por los valores de quien era un joven vanguardista cuando comenzó a gestar todo esto: George Lucas. Quien guste de la acción, encuentra acción en abundancia. Disparos, corridas, naves voladoras en el espacio y maravillosas escenas de espadachines láser no van a faltar.  Aunque limitarla a una película de acción sería banalizarla.
En 1977, mientras nuestra Argentina estaba bajo un gobierno dictatorial y represivo, se estrenó una película yanquie que planteaba el dilema entre el bien y el mal – los jedies y el lado oscuro - , entre la democracia y el imperio opresor. Contaba con tres protagonistas: un simpático traficante marginal que se politizó (Han Solo), un joven granjero aburrido de su rutina que se convirtió en jedi (Lucke Skywalker) y una princesa combativa. Ella era Leia, la princesa adoptada que eligió transitar la vida sin corona. Era una líder rebelde que luchaba para recuperar la república. Lucas no quiso darnos una lección de ética ciudadana, ni apuntó a un público feminista. Plasmó en la historia su manera de ver el mundo. Podemos suponer que afines de los 70 él ya veía un mundo con mujeres capaces de rescatar a sus novios congelados. Todas las historias de Star Wars hablan de la tensión entre el bien y el mal que nos habita a tod@s, Eros y Thánatos dirían los psicoanalistas. En todas las historias de Star Wars aparecen fuertes personajes femeninos que luchan por una galaxia mejor. Ese ideal, que atraviesa a todos los géneros y a todas las especies es el corazón de la historia. Por supuesto que también lo es de todas las pelis y todo el universo expandido, aunque cambien de autor y director. Mi hija vio el Episodio 7 con seis años y su recurrente preocupación era si Kylo Ren (el alter ego malvado de Ben Solo, hijo de Leia y Han) se arrepentiría de haber asesinado a su papá. Esa preocupación ética de mi hija ejemplifica de qué trata esta historia. Su mirada infantil nos recuerda algo elemental. Al antagonismo luz/oscuridad o republica/imperio se suma el conflicto interno de varios de los personajes y esto es lo apasionante. Si bien los colores juegan a favor de identificar ambos bandos, sus personajes tienen muchos matices. Muchos prefieren personajes planos, sin mixturas de luz y oscuridad. Héroes cien por cien y villan@s cien por cien... Poc@s logran aquí esa pureza, entonces recomiendo a esas personas que miren otras pelis.
Me sorprendió que a los pocos días del estreno del Episodio 9 hayan surgido críticas acerca del vínculo entre Rey – la protagonista femenina – y su enemigo Kylo Ren. Las críticas llegaron desde grupos feministas. Como feminista no observo sumisión de Rey hacia Kylo, ni hacia nadie. Kylo volvió a ser Ben Solo porque esa fue la gran lucha de los Skywalker. A Kylo le mostraron el camino de regreso también sus padres, mejor dicho su madre regalándole el recuerdo de su padre para que pueda reescribir su historia. ¿Recuerdan la frase “A los hombres machistas los educaron madres machistas”? Ese no es el caso de Ben. También tiempo atrás su abuelo Anakin Skywlaker dejó de ser el monstruoso Darth Vader al defender la vida de su hijo. Anakin había sido un niño esclavo con habilidades destacadas, luego fue alejado de su madre para convertirse en jedi – que sin lugar a dudas era su mejor opción – pero ya de joven el miedo a la pérdida de sus seres amados lo confundió, lo desbordó, lo enloqueció, lo enfureció y lo llevó al lado oscuro…  y por ende a fracasar en sus vínculos. Anakin fue trágico. Ser Vader con el cuerpo reconstruido por el perverso Emperador Palpatine, fue su frustración y su condena. Y Vader fue malvado. Su hijo Luke sabía que en Vader aún vivía Anakin. Años más tarde, Luke – jedi ejemplar - tuvo un lapsus con el lado oscuro que convirtió a su sobrino Ben en Kylo Ren y por algunos años a él mismo en ermitaño. Rey devolvió a Luke a la vida de jedi y fue una de las tres personas que facilitaron la redención de Ben Solo. Sin embargo, Ben nunca había sido un Kylo Ren solidificado, la luz de su formación jedi lo atraía todo el tiempo y era consciente de eso. Tal vez también era consciente de sentirse atraído por Rey. Ella irrumpió como una joven marginal -“chatarrera” - quien en su primer encuentro vio su vulnerabilidad cuando el – hombre poderoso en la violenta Primera Orden - quiso ver la de ella. Rey desafió su poder, eso lo desesperó, lo desestructuró y lo atrajo. Pero no es una historia de romance. Esto está minimizado. Tampoco hay una mujer sometida, es todo lo contrario y hasta exagerado para responder a las demandas de la época. La conversión de Rey en jedi la empoderó y a la vez la condicionó en esa especie de “celibato” de su orden, el mismo que Anakin y Kanan Jarrus no lograron cumplir. Rey apenas besó a un Ben moribundo (que por primera vez en tres películas sonrió con ternura).
Hoy una mujer empoderada es lo políticamente correcto. Disney lo sabe, la escritora Sol Silvestre habla de esto en su blog: https://habiaunayotravezblog.wordpress.com/2019/10/28/76-anos-de-distancia/. Sin embargo, siempre hubo mujeres empoderadas en Star Wars, ahora y durante su trayectoria pre-Disney. Leia Organa nunca fue atraída por la oscuridad y su madre Padmé Amidala tampoco, quien estando embarazada decidió abandonar a su amado Anakin cuando hizo su conversión. Creo que en la galaxia muy, muy lejana el patriarcado ya se había caído antes que Qui Gonn Jin, Padmé y Obi Wan Kenobi lleguen accidentalmente a Tatooine. Pensar esta historia desde la violencia del machismo es acusar injustamente a Star Wars y – aún más grave – banalizar al feminismo. Más allá de lo políticamente correcto en el siglo XXI y de las escenas de acción, esta historia que circula por un montón de planetas imaginarios, que ha sido construida a lo largo de cuatro décadas nos recuerda la tensión entre el bien y el mal que vive en cada un@ de nosotr@s, l@s terrícol@s que somos extranjeros en aquella galaxia. Nos interpela a partir de nuestra esencia humana. Y linkea con un montón de temas universales.
El catedrático español Fernando Ángel Moreno en su libro “La ideología en Star Wars” (Guillermo Escolar Editor; 2017) nos habla de lo ideológico y lo sublime en ella. En la línea de lo ideológico señala la aparición del Estado, la esclavitud, las mujeres líderes. Lo sublime lo ubica en la belleza de los paisajes, el cuidado audiovisual de las pelis. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en los desvaríos de Anakin, en el coraje casi soberbio de Leia, en el crecimiento y los temores de Luke, en la fragilidad del poderoso Ben/Kylo. En ell@s encuentro la belleza de la historia.
Rey también creció, sin embargo es un personaje que no termina de apasionar. Entiendo que no convenció como se resolvió su pasado, allí donde la improvisación cinematográfica debilitó a la saga… Evidentemente algo hizo ruido y ahora circula un storyboard de una versión alternativa del guión del Episodio 9. En ella Palpatine está muy muerto y sus padres tuvieron otro final trágico. Es la leyenda de un buen primer guión descartado de la última película sobre la familia Skywalker… A la vez, circula el rumor de una escena filmada donde quien enterró en Tatoine los sables fue Ben, quien se presenta ante la anciana como Ben Skywalker. Leyendas dentro de una película... El cine dentro de los dibujitos, la tele, el streaming, los jueguitos, los juguetes, los comics, los libros y la vida misma. Vuelvo sobre la idea que Disney apostó a lo políticamente correcto: el liderazgo tenía que ser femenino y Rey así se convirtió en la portadora/hurtadora del apellido Skywalker. Esta corrección política de la narrativa atenta contra la historia. Porque Star Wars es la historia de Anakin Skywalker y sus descendientes. Digamos que Rey viene de otro palo porque es la nieta oculta de Palpatine. Anakin era trágico y en su muerte lo redimió el amor y a Ben Solo le sucedió lo mismo. En lo personal, no quería esta repetición. Porque amamos a Leia, a Han y a Lucke, esos tres fantasmas que fueron una nueva esperanza. Entonces, un Skywalker siempre debe tener crédito para la esperanza en Star Wars.


23 de marzo de 2020

UN CUENTO PROHIBIDO: "EL PUEBLO QUE NO QUERÍA SER GRIS"

Entre muchos artistas, intelectuales y objetos culturales prohibidos durante la última dictadura (1976 - 1983) aparece este bellísimo libro álbum: "El pueblo que no quería ser gris". Fue escrito por Beatriz Doumec e iliustado por Ayax Barnes. Sus autores eran pareja en la vida real y al prohibirse varios de sus trabajos se exiliaron en Italia.  Actualmente está editado por Colihue. 



Es el primer año que lo trabajo y la pandemia me llevó a hacerlo en audio en el Aula Virtual. Por respeto a los derechos de autoría de sus herederos no puedo subirlo aquí. Sin embargo, quienes deseen recibirlo pueden escribirme a: literatura.peques.valicenti@gmail.com . Por supuesto que más que recomendada su compra para cuando termine la cuarentena.

28 de febrero de 2020

MIS DESAFÍOS CON BEA


Hace poco me embarqué en una nueva aventura que era una deuda pendiente desde hace años… capacitarme en Narración Oral. Por suerte la genial Alejandra Alliende tiene una versión online de su curso. Algún día voy a contarles de los malabares que hacemos las madres – sobre todo si somos jefa de familia – para continuar formándonos…
Pero ese no es el tema de hoy. La capacitación cerraba con una narración online de mi parte a la profe. El cuento elegido fue “Bea Baila”. En noviembre de 2018 lo recomendé en las redes de Literatura para Peques ( Instagram de Literatura para Peques). Bea era una niña que la pasaba muy mal en la escuela porque odiaba los números y no lograba aprender las tablas de multiplicación. Se sentía triste y confundida por no encajar en la escuela… ¡hasta que un día descubre su pasión por la danza! Es un bellísimo libro albúm escrito e ilustrado por Luciano Lozano y editado por la española Tres Tristres Tigres.



Cuando elegí comprar para mi hija este libro, que no es precisamente barato porque es importado y tapa dura, ella tenía 5 años y hacía danza clásica. No tiene estilo de bailarina de ballet pero canta y baila en casa muchas horas por semana. Pinta, dibuja, ahora también escribe. Juega muchas historias que ella inventa. Aunque es muy conversadora en la escuela le va muy bien. Sin embargo, como maestra se que hay much@s chic@s que sufren en el colegio, que vuelan en hora de clase hasta mundos con música o mundos con muchos colores y formas. Lo volví a elegir para debutar en la narración oral. Por su belleza visual, pero también porque su mensaje positivo movilizaba algo en mi. No buscaba una historia que deje una enseñanza, pero por mis aulas ya pasaron muchas Beas. Cada Bea es un nuevo desafío para mí. Tal vez el desafío de enseñar a tod@s inconscientemente me ligó con este desafío novedoso y volví a elegirlo.





Bea me regaló una hermosa sorpresa: Alejandra me contó que la historia de Bea está inspirada en la de Gillian Lynne, la coreógrafa de Cats. Algun@s preferimos transitar la vida rodead@s de palabras, otr@s – como Gillian – prefieren bailar.  Allí tampoco terminan las preferencias. No dejemos de soñar con un mundo que nos incluya a tod@s y con una escuela que nos ayude a encontrarnos.

23 de febrero de 2020

¿POR QUÉ LEER “EL PRINCIPITO” EN LA ESCUELA?


El año pasado en la hora de Biblioteca le leí a mis alumn@s de 3° grado “El Principito” de Antoine Saint Exupéry. La elección de este clásico fue motivada por el texto escolar que utilizábamos: “Aventuras 3” de SM. Allí un personaje llamado Antonio se parece al Principito y es aviador (como su autor). Entre las actividades previas, leí una breve biografía del autor y presenté otras dos versiones, más breves. Una era de la editorial Una Luna, estilo libro álbum – con imágenes bellísimas - y la otra adaptación personalizada de la editorial Mi Cuento y dentro del mismo estilo. Utilizamos la edición de Artemisa, que conserva el texto original aunque tiene ilustraciones más coloridas realizadas por Laura Zannoni.


Luego de los primeros siete capítulos de la versión original me pareció que habíamos llegado a un punto para comenzar a compartir impresiones. Observaba diferentes recepciones, que podría diferenciar en cuatro formatos.
1.      Estaban entusiasmados y les gustaban los dibujitos.
2. Estaban entusiasmados y lo comparaban con el libro anterior, también con muchos dibujos y protagonizado por niños (“Querida Susi, querido Paul”, de Nöstlinger).
3.      3. No demostraban entusiasmo ni desagrado (eran los menos, por supuesto).
4.      4. Sentían inconformismo.
En realidad, quien no estaba conforme y había comenzado a mirarme con desconfianza mientras leí era uno de mis mejores alumnos. De esos a los que les gusta cantar, bailar, correr, dibujar, hacer cuentas, escribir, leer, jugar al fúbol y a la play. Le estaba pasando algo con la historia y no lo expresaba, situación muy rara en él. Tuve que convocarlo a que exprese su opinión.
Entonces, me dijo: “Porque a mí a veces me aburre…”; “Porque se repiten las cosas, el Prinicipito repite cosas”  y “El Prinicipito siempre pide el cordero, o habla de la rosa.”
¡Qué gran verdad! “El Principito” es largo, es lento, es reiterativo y es de otra época. ¿Qué hacemos, entonces, con este libro en la escuela? En principio creo que lo mejor es tratar de entender por qué es así.
1.      A. El Principito es un niño pequeño y sabemos que l@s niñ@s pequeñ@s siempre repiten los juegos, las canciones, los temas de interés. Por eso es que él vuelve sobre el cordero y la rosa. Como todo niño pequeño, sólo registra sus inquietudes y no registrara la gravedad del problema que intenta solucionar el aviador.
2.   B También, el cordero y la rosa dan cuenta de sus preocupaciones y sus vínculos. El concepto de domesticar que – como explica el Zorro – significa hacer lazos, es fundamental. El ama a su rosa y teme que el cordero la devore.
C. Este libro está escrito hace muchos años. Y antes las historias se contaban más lentas. Es una característica de esta época que las películas y los dibujitos animados son súper rápidos. La investigadora Carolina Cuesta plantea que sus estudiantes “…muchas veces se fastidiaban con el hecho de que la historia no avanzara”1. Algo similar a lo que me sucedió con la lectura de “El Prinicipito” en tercer grado donde la crítica apuntaba a la reiteración. Los chicos siglo XXI tienen otros tiempos marcados por la velocidad de los dibujitos animados y los videojuegos. En otro artículo,  la Prof. Carolina Cuesta menciona como nuestros estudiantes expresan sus opciones estéticas por la negativa basándose en varias investigaciones (Cuesta; 2010) 2. Es necesario tener en cuenta que la Literatura es un objeto estético que se articula con la televisión, youtube, videojuegos, mitos locales y otros hábitos y consumos culturales de l@s niñ@s.
¿Qué hacer, entonces, con “El Principito” en el aula?
Se puede hacer mucho. En nuestro caso, la actividad era sólo de lectura por parte de la docente. Apenas si comparamos con unas versiones reducidas adaptadas a libro álbum, aunque se pueden abordar las versiones animadas.
Nosotr@s fuimos anotando reflexiones en un apunte colectivo colgado en la cartelera del aula. La fotografía que acompaña no es la última versión del apunte, aunque voy a compartir algunas reflexiones con ustedes:
- La pregunta por el sentido de la vida.
- Las diferencias entre niñ@s y adult@s. Para l@s adult@s se enumeraron: están ocupads, falta de descanso y tiempo libre, preocupación por el dinero, preocupación por la política y el gobierno y ser presumid@s. En cambio, para l@s niñ@ se resaltó la imaginación y se la ligó especialmente a la interpretación del dibujo como un elefante dentro de una serpiente.
·        - Se preguntaron también qué hace especial a cada persona.
·       - Registraron la importancia de “ver con el corazón”.
      - Reflexionaron acerca de que domesticar es hacer lazos de amistad, amor, familia, paz y cariño.
·     - Se preguntaron si el aviador realmente se encontró con el Principito o si lo soñó… sin embargo, afirmaron que si se encontró con la infancia.
·       - E inevitablemente, se preguntaron por la soledad de Paul de Nöstlinger.

Además de ser una obra de la literatura universal, el Principito nos sigue invitando a reflexionar juntos a nuestr@s alumn@s sobre la infancia y la calidad de vida que tenemos niñ@s y adult@s. Entonces, vale la pena aprender a desacelerar al siglo XXI globalizado, leer saboreando y pensar sin prisa.
¡Ah, me olvidaba! Mi alumno disconforme logró disfrutar esta lectura.
1 Cuesta (2014): “Norma y la papa devoradora: pensamiento narrativo, repertorios tópicos y formas de pensar lo literario en la enseñanza de la literatura”; El Toldo de Astier; FaHCE – UNLP. Año 5, nro 8.; pág. 97.
2 Cuesta (2010): “Enseñanza de la literatura: de teorías y lecturas”, en línea. Teoría & Práctica. Revista Semestral de la Asociación de Lectura de Brasil (ALB), Campinas (San Pablo); Global Editora; Año 28, Nro 55.