Días de encierro, de aislamiento social. De
gente más preocupada por la economía que por la salud pública.
Nuestros niños hacen lo que pueden. Lo que
habilitamos los adultos, lo que nosotros podemos y lo que ellos intentan
transgredir. Jugar te permite viajar, te permite ser otr@, alguien que no está
encerrad@. Jugar es transgredir sin riesgo este encierro por pandemia.
Un encierro que también genera monotonía. La
monotonía genera malestar y berrinches. Cada uno carga su monstruo. O varios.
No importan sus colores. Puedo conquistar a mis monstruos, convertirme en su
Rey y volver victorioso a mi hogar. Como un héroe. Abrazar a mamá y sentarme a
cenar después de una travesura. Como Max, de Maurice Sendak, en “Donde viven
los monstruos”.
Puedo andar errante por el mundo con monstruos
en la cabeza que me generan distracciones, que asustan a otr@s y me condenan a
la soledad. Hasta que alguien me regala una flor, o una canción, o un mundo
azul. Como Rulo, de Brocha, en “Monstruos en el pelo”.
Son dos libros que me encantan y hablan de
emociones, de humanidad, de infancia. Cada vez que leo a uno me acuerdo del otro.
Son libros álbum. Sus autores además de escribirlos los han dibujado. Sus
personajes son niños. Sin embargo, son de dos lugares y dos épocas muy
diferentes. Max domina a sus monstruos y regresa pacificado al amor de su mamá.
Rulo no es muy consciente de sus monstruos aunque encuentra gente y espacios
que aceptan sus monstruos. Ambos tienen mensajes positivos, esperanzadores. Porque
esos monstruos son desafíos para los vínculos y sus dueños lo logran. Sin
embargo, son cuentos que no bajan línea. Nadie indaga si los monstruos de Max son
rojos o si los de Rulo son azules. Los personajes logran vivir felices a pesar
de sus monstruos. En la simpleza de estas historias aparece la profundidad de
personajes que no son planos.
La literatura es arte. Con el arte nos
emocionamos, nos identificamos, proyectamos. Es posible abordar los enojos y
los dolores en terapia, aunque no es viable educar para evitar enojo o dolor.
* “Donde viven los monstruos” fue escrito por
Maurice Sendak y editado por Kalandraka. “Monstruos en el pelo” fue escrito por
Brocha (Pablo Médici) y editado por AZ.




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