Hace poco me embarqué en una nueva aventura que
era una deuda pendiente desde hace años… capacitarme en Narración Oral. Por
suerte la genial Alejandra Alliende tiene una versión online de su curso. Algún
día voy a contarles de los malabares que hacemos las madres – sobre todo si
somos jefa de familia – para continuar formándonos…
Pero ese no es el tema de hoy. La capacitación
cerraba con una narración online de mi parte a la profe. El cuento elegido fue
“Bea Baila”. En noviembre de 2018 lo recomendé en las redes de Literatura
para Peques ( Instagram de Literatura para Peques). Bea era una niña que la pasaba muy mal en la escuela porque
odiaba los números y no lograba aprender las tablas de multiplicación. Se
sentía triste y confundida por no encajar en la escuela… ¡hasta que un día
descubre su pasión por la danza! Es un bellísimo libro albúm escrito e
ilustrado por Luciano Lozano y editado por la española Tres Tristres Tigres.
Cuando elegí comprar para mi hija este libro,
que no es precisamente barato porque es importado y tapa dura, ella tenía 5
años y hacía danza clásica. No tiene estilo de bailarina de ballet pero canta y
baila en casa muchas horas por semana. Pinta, dibuja, ahora también escribe.
Juega muchas historias que ella inventa. Aunque es muy conversadora en la
escuela le va muy bien. Sin embargo, como maestra se que hay much@s chic@s que
sufren en el colegio, que vuelan en hora de clase hasta mundos con música o
mundos con muchos colores y formas. Lo volví a elegir para debutar en la
narración oral. Por su belleza visual, pero también porque su mensaje positivo
movilizaba algo en mi. No buscaba una historia que deje una enseñanza, pero por
mis aulas ya pasaron muchas Beas. Cada Bea es un nuevo desafío para mí. Tal vez
el desafío de enseñar a tod@s inconscientemente me ligó con este desafío
novedoso y volví a elegirlo.
Bea me regaló una hermosa sorpresa: Alejandra
me contó que la historia de Bea está inspirada en la de Gillian Lynne, la
coreógrafa de Cats. Algun@s preferimos transitar la vida rodead@s de palabras,
otr@s – como Gillian – prefieren bailar. Allí tampoco terminan las preferencias. No
dejemos de soñar con un mundo que nos incluya a tod@s y con una escuela que nos
ayude a encontrarnos.



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