Un tema que se me presenta recurrentemente en
el último tiempo es el abordaje pedagógico y lúdico de las múltiples caras que
tiene la literatura. Más aún para quienes trabajamos con niñ@s y adolescentes,
entiendo que dicha multiplicidad se ha convertido en una problematización ineludible.
No hablo necesariamente del canon literario escolar sino de otras literaturas:
los dibujos animados, el cine, los comics, los videojuegos y los relatos regionales
(urbanos/suburbanos/rurales). Hablo de literatura en un sentido amplio y de
cultura pop. Entre esas otras literaturas brilla como una reina galáctica Star
Wars. Con sus tres trilogías fascina por
diferentes aspectos, según quien las mire. Estas diferentes ópticas
inevitablemente provocan un debate permanente. Aunque con su universo expandido
podríamos decir también: las tres trilogías cinematográficas, las series
televisivas, los cómics, los libros y los juegos de Star Wars fascinan por
diferentes aspectos, según quien las mire, los lea, los juegue. Una galaxia de arte
y entretenimiento…
Sin embargo, todo comenzó con tres películas
innovadoras que para algún@s son de ciencia ficción y para otr@s son una ópera
espacial. La primera de ellas nació hace poco más de 42 años. Si bien las
trilogías del séptimo arte dialogan con el universo expandido, no dejan de ser
la madre - o las madres – de esta
historia espacial.
También especial. No voy a realizar una crítica
cinematográfica, no es mi tema. Me interesa lo literario de las películas. Una
literatura convertida en cultura pop. Porque siempre encontré en Star Wars una
grandiosa historia atravesada por los valores de quien era un joven
vanguardista cuando comenzó a gestar todo esto: George Lucas. Quien guste de la
acción, encuentra acción en abundancia. Disparos, corridas, naves voladoras en
el espacio y maravillosas escenas de espadachines láser no van a faltar. Aunque limitarla a una película de acción
sería banalizarla.
En 1977, mientras nuestra Argentina estaba bajo
un gobierno dictatorial y represivo, se estrenó una película yanquie que
planteaba el dilema entre el bien y el mal – los jedies y el lado oscuro - ,
entre la democracia y el imperio opresor. Contaba con tres protagonistas: un simpático
traficante marginal que se politizó (Han Solo), un joven granjero aburrido de
su rutina que se convirtió en jedi (Lucke Skywalker) y una princesa combativa. Ella
era Leia, la princesa adoptada que eligió transitar la vida sin corona. Era una
líder rebelde que luchaba para recuperar la república. Lucas no quiso darnos
una lección de ética ciudadana, ni apuntó a un público feminista. Plasmó en la
historia su manera de ver el mundo. Podemos suponer que afines de los 70 él ya
veía un mundo con mujeres capaces de rescatar a sus novios congelados. Todas
las historias de Star Wars hablan de la tensión entre el bien y el mal que nos
habita a tod@s, Eros y Thánatos dirían los psicoanalistas. En todas las
historias de Star Wars aparecen fuertes personajes femeninos que luchan por una
galaxia mejor. Ese ideal, que atraviesa a todos los géneros y a todas las
especies es el corazón de la historia. Por supuesto que también lo es de todas
las pelis y todo el universo expandido, aunque cambien de autor y director. Mi
hija vio el Episodio 7 con seis años y su recurrente preocupación era si Kylo
Ren (el alter ego malvado de Ben Solo, hijo de Leia y Han) se arrepentiría de
haber asesinado a su papá. Esa preocupación ética de mi hija ejemplifica de qué
trata esta historia. Su mirada infantil nos recuerda algo elemental. Al
antagonismo luz/oscuridad o republica/imperio se suma el conflicto interno de
varios de los personajes y esto es lo apasionante. Si bien los colores juegan a
favor de identificar ambos bandos, sus personajes tienen muchos matices. Muchos
prefieren personajes planos, sin mixturas de luz y oscuridad. Héroes cien por
cien y villan@s cien por cien... Poc@s logran aquí esa pureza, entonces recomiendo
a esas personas que miren otras pelis.
Me sorprendió que a los pocos días del estreno
del Episodio 9 hayan surgido críticas acerca del vínculo entre Rey – la
protagonista femenina – y su enemigo Kylo Ren. Las críticas llegaron desde
grupos feministas. Como feminista no observo sumisión de Rey hacia Kylo, ni
hacia nadie. Kylo volvió a ser Ben Solo porque esa fue la gran lucha de los
Skywalker. A Kylo le mostraron el camino de regreso también sus padres, mejor
dicho su madre regalándole el recuerdo de su padre para que pueda reescribir su
historia. ¿Recuerdan la frase “A los hombres machistas los educaron madres
machistas”? Ese no es el caso de Ben. También tiempo atrás su abuelo Anakin Skywlaker
dejó de ser el monstruoso Darth Vader al defender la vida de su hijo. Anakin
había sido un niño esclavo con habilidades destacadas, luego fue alejado de su
madre para convertirse en jedi – que sin lugar a dudas era su mejor opción –
pero ya de joven el miedo a la pérdida de sus seres amados lo confundió, lo
desbordó, lo enloqueció, lo enfureció y lo llevó al lado oscuro… y por ende a fracasar en sus vínculos. Anakin
fue trágico. Ser Vader con el cuerpo reconstruido por el perverso Emperador Palpatine,
fue su frustración y su condena. Y Vader fue malvado. Su hijo Luke sabía que en
Vader aún vivía Anakin. Años más tarde, Luke – jedi ejemplar - tuvo un lapsus
con el lado oscuro que convirtió a su sobrino Ben en Kylo Ren y por algunos
años a él mismo en ermitaño. Rey devolvió a Luke a la vida de jedi y fue una de
las tres personas que facilitaron la redención de Ben Solo. Sin embargo, Ben
nunca había sido un Kylo Ren solidificado, la luz de su formación jedi lo
atraía todo el tiempo y era consciente de eso. Tal vez también era consciente de
sentirse atraído por Rey. Ella irrumpió como una joven marginal -“chatarrera” -
quien en su primer encuentro vio su vulnerabilidad cuando el – hombre poderoso
en la violenta Primera Orden - quiso ver la de ella. Rey desafió su poder, eso
lo desesperó, lo desestructuró y lo atrajo. Pero no es una historia de romance.
Esto está minimizado. Tampoco hay una mujer sometida, es todo lo contrario y
hasta exagerado para responder a las demandas de la época. La conversión de Rey
en jedi la empoderó y a la vez la condicionó en esa especie de “celibato” de su
orden, el mismo que Anakin y Kanan Jarrus no lograron cumplir. Rey apenas besó
a un Ben moribundo (que por primera vez en tres películas sonrió con ternura).
Hoy una mujer empoderada es lo políticamente
correcto. Disney lo sabe, la escritora Sol Silvestre habla de esto en su blog: https://habiaunayotravezblog.wordpress.com/2019/10/28/76-anos-de-distancia/. Sin embargo, siempre hubo mujeres
empoderadas en Star Wars, ahora y durante su trayectoria pre-Disney. Leia
Organa nunca fue atraída por la oscuridad y su madre Padmé Amidala tampoco,
quien estando embarazada decidió abandonar a su amado Anakin cuando hizo su
conversión. Creo que en la galaxia muy, muy lejana el patriarcado ya se había
caído antes que Qui Gonn Jin, Padmé y Obi Wan Kenobi lleguen accidentalmente a
Tatooine. Pensar esta historia desde la violencia del machismo es acusar
injustamente a Star Wars y – aún más grave – banalizar al feminismo. Más allá
de lo políticamente correcto en el siglo XXI y de las escenas de acción, esta
historia que circula por un montón de planetas imaginarios, que ha sido construida
a lo largo de cuatro décadas nos recuerda la tensión entre el bien y el mal que
vive en cada un@ de nosotr@s, l@s terrícol@s que somos extranjeros en aquella
galaxia. Nos interpela a partir de nuestra esencia humana. Y linkea con un
montón de temas universales.
El catedrático español Fernando Ángel Moreno en
su libro “La ideología en Star Wars” (Guillermo Escolar Editor; 2017) nos habla
de lo ideológico y lo sublime en ella. En la línea de lo ideológico señala la
aparición del Estado, la esclavitud, las mujeres líderes. Lo sublime lo ubica
en la belleza de los paisajes, el cuidado audiovisual de las pelis. Sin
embargo, no puedo dejar de pensar en los desvaríos de Anakin, en el coraje casi
soberbio de Leia, en el crecimiento y los temores de Luke, en la fragilidad del
poderoso Ben/Kylo. En ell@s encuentro la belleza de la historia.
Rey también creció, sin embargo es un personaje
que no termina de apasionar. Entiendo que no convenció como se resolvió su
pasado, allí donde la improvisación cinematográfica debilitó a la saga… Evidentemente
algo hizo ruido y ahora circula un storyboard de una versión alternativa del
guión del Episodio 9. En ella Palpatine está muy muerto y sus padres tuvieron
otro final trágico. Es la leyenda de un buen primer guión descartado de la última
película sobre la familia Skywalker… A la vez, circula el rumor de una escena
filmada donde quien enterró en Tatoine los sables fue Ben, quien se presenta
ante la anciana como Ben Skywalker. Leyendas dentro de una película... El cine
dentro de los dibujitos, la tele, el streaming, los jueguitos, los juguetes,
los comics, los libros y la vida misma. Vuelvo sobre la idea que Disney apostó
a lo políticamente correcto: el liderazgo tenía que ser femenino y Rey así se
convirtió en la portadora/hurtadora del apellido Skywalker. Esta corrección
política de la narrativa atenta contra la historia. Porque Star Wars es la
historia de Anakin Skywalker y sus descendientes. Digamos que Rey viene de otro
palo porque es la nieta oculta de Palpatine. Anakin era trágico y en su muerte
lo redimió el amor y a Ben Solo le sucedió lo mismo. En lo personal, no quería
esta repetición. Porque amamos a Leia, a Han y a Lucke, esos tres fantasmas que
fueron una nueva esperanza. Entonces, un Skywalker siempre debe tener crédito
para la esperanza en Star Wars.




